En los últimos años, la crianza respetuosa se ha convertido en una elección cada vez más común entre mamás y papás que desean educar con empatía, límites claros y conexión emocional. Sin embargo, muchas familias aún se preguntan en qué se diferencia realmente de los estilos de crianza más tradicionales, especialmente de la crianza autoritaria con la que muchos crecimos.
En esta entrada te mostramos, de manera sencilla y práctica, las diferencias clave entre ambos enfoques y por qué esta elección puede marcar una gran diferencia en el desarrollo emocional del niño en la etapa preescolar.
¿Qué busca cada estilo de crianza?
La crianza respetuosa parte de la idea de que el niño es un ser en desarrollo que necesita acompañamiento emocional, comprensión y límites firmes pero amables. No se trata de “dejar hacer lo que quiera”, sino de guiarlo mientras aprende a manejar sus emociones y su conducta.
Por el contrario, la crianza autoritaria y punitiva se centra en la obediencia inmediata. Sus herramientas principales suelen ser los castigos, los gritos o las amenazas, y rara vez se explican las normas o se consideran las emociones del niño.
Como decía la psicóloga Diana Baumrind, los estilos autoritarios priorizan el control sobre la conexión, mientras que los enfoques respetuosos buscan lograr disciplina desde el vínculo y la cooperación.
Cómo se corrige la conducta: dos caminos muy distintos
En la crianza respetuosa se establecen límites claros, pero se acompañan con empatía.
Ejemplo:
“No te puedo permitir que golpees. Te voy a ayudar a calmar tu cuerpo.”
En cambio, en la crianza autoritaria:
“¡Te dije que no golpees! Si lo haces otra vez, te castigo.”
La diferencia es enorme.
Los autores Daniel J. Siegel y Tina Payne Bryson, expertos en neurodesarrollo infantil, explican que los límites acompañados de conexión ayudan al niño a desarrollar habilidades de autorregulación. Los castigos, en cambio, pueden detener la conducta temporalmente, pero no enseñan lo que el niño necesita aprender.
Cómo se interpreta al niño
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Desde la crianza respetuosa:
El niño no es “mal portado”, es un pequeño que está aprendiendo y necesita guía. Sus berrinches, gritos o impulsividad no son actos de rebeldía, sino señales de inmadurez típica de su edad. -
Desde la crianza autoritaria:
Se interpretan sus conductas como un desafío o una falta de respeto. Esto lleva a exigir un autocontrol que neurológicamente un niño pequeño aún no tiene.
La autora Isabel Filliozat señala que cuando entendemos cómo funciona el cerebro infantil, dejamos de ver “problemas” y empezamos a ver necesidades.
El impacto emocional en el niño
Ambos estilos generan resultados muy diferentes:
Crianza respetuosa
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Fomenta seguridad emocional.
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Mejora la autoestima.
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Fortalece el vínculo y la confianza.
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Ayuda al niño a desarrollar autocontrol genuino.
Crianza autoritaria o punitiva
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Genera miedo o ansiedad.
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Provoca obediencia basada en temor, no en comprensión.
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Puede afectar la autoestima y la relación con los padres.
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A largo plazo, puede generar resentimiento o conductas agresivas.
Estudios del Center on the Developing Child de Harvard muestran que la exposición frecuente a gritos o amenazas puede activar el sistema de estrés del niño, afectando su desarrollo emocional y cerebral.
¿Y qué pasa si yo crecí con un estilo autoritario?
Muchos padres desean criar con respeto, pero se encuentran con que les cuesta mantener la calma o ser consistentes. Es totalmente normal.
Como adultos, también estamos reeducando nuestro propio sistema emocional.
Aquí algunas sugerencias útiles:
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Empieza con pocos límites, pero sostenidos con firmeza.
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Conecta antes de corregir: el cerebro del niño aprende mejor cuando se siente seguro.
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Cuida tu bienestar: un adulto tranquilo educa mejor que un adulto exhausto.
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Usa consecuencias lógicas, no castigos.
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Recuerda que firmeza y amor pueden ir juntas.
Conclusión
La crianza respetuosa no es una moda ni una permisividad disfrazada. Es una forma de educar basada en el conocimiento del desarrollo infantil, la empatía y la construcción de un vínculo seguro.
La crianza autoritaria puede parecer efectiva en el momento, pero no favorece el desarrollo emocional ni la conexión profunda que los niños necesitan.
Elegir educar con respeto es elegir construir, paso a paso, una relación sólida, confiable y amorosa que acompañará al niño durante toda su vida.
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