La sexualidad infantil: un tema natural, no tabú
Durante la infancia, la sexualidad no tiene connotaciones eróticas, sino que está relacionada con el descubrimiento del cuerpo, las emociones, la identidad y los vínculos. Los niños exploran, preguntan, imitan y buscan comprender. Esta curiosidad es un signo de salud y de desarrollo cognitivo.
Según la Asociación Americana de Psicología (APA), el acompañamiento respetuoso de la sexualidad infantil favorece la autoestima, la seguridad corporal y la capacidad de establecer límites personales.
🧠 Lo que dice la neurociencia sobre el desarrollo sexual infantil
Los avances en neurociencia ofrecen hoy una mirada más completa sobre cómo se forma la identidad, el cuerpo y las emociones en la infancia.
1. El cerebro y la curiosidad corporal
Estudios de la Universidad de California (2022) muestran que el cerebro infantil está diseñado para aprender mediante la curiosidad.
Cuando un niño pregunta por su cuerpo o las diferencias entre géneros, su corteza prefrontal y su sistema dopaminérgico se activan, fortaleciendo la memoria y el aprendizaje.
👉 Reprimir o castigar esas preguntas puede generar confusión o vergüenza.
2. La importancia de la seguridad afectiva
El neurocientífico Daniel Siegel sostiene que un entorno seguro, donde las emociones son validadas, fortalece los circuitos neuronales asociados a la autorregulación y la confianza.
Cuando un niño se siente aceptado al hablar de su cuerpo o emociones, su cerebro asocia el aprendizaje con bienestar, y no con miedo o culpa.
3. El papel del apego y la experiencia temprana
Allan Schore y Mary Ainsworth demostraron que las primeras experiencias afectivas moldean la forma en que los niños perciben el contacto físico y el afecto.
Un apego seguro ayuda a construir una relación sana con el propio cuerpo y con los demás.
📚 Miradas pedagógicas y teorías del desarrollo
Varios autores han intentado comprender cómo se forma la sexualidad desde la infancia.
Hoy, la pedagogía combina lo mejor de las teorías clásicas con los hallazgos neurocientíficos más recientes.
Sigmund Freud: el inicio del estudio
Freud fue pionero al hablar de las “etapas psicosexuales del desarrollo”, señalando que los niños viven la sexualidad como una forma de placer y descubrimiento, no como deseo adulto.
Aunque su modelo ha sido cuestionado, abrió la puerta al reconocimiento de la sexualidad infantil como parte del desarrollo natural.
Jean Piaget y la curiosidad cognitiva
Piaget explicó que los niños construyen su conocimiento a partir de la experiencia.
Cuando un niño pregunta “¿por qué las niñas no tienen pene?” o “¿de dónde salen los bebés?”, está ejercitando su pensamiento lógico y su necesidad de comprender el mundo.
La educación sexual temprana puede aprovechar ese momento de aprendizaje espontáneo.
Erik Erikson y la formación de la identidad
Erikson introdujo la idea de que cada etapa del desarrollo implica un conflicto que el niño debe resolver.
Entre los 3 y 6 años, el conflicto es “iniciativa vs. culpa”. Si el adulto censura la curiosidad, el niño puede desarrollar vergüenza o miedo a preguntar.
Si, en cambio, se responde con respeto, se fortalece su autonomía emocional.
Teoría del apego y neurodesarrollo
Las teorías contemporáneas (Siegel, Schore, Gerhardt) integran lo emocional, lo corporal y lo neurológico:
El niño aprende sobre el cuerpo y los límites observando y sintiendo cómo los adultos lo tratan.
De ahí la importancia de educadores y familias emocionalmente disponibles.
Cómo acompañar la sexualidad infantil desde la escuela y la familia
1. Habla con naturalidad y sin miedo
Responde con un lenguaje simple, honesto y apropiado para la edad.
Usa los nombres correctos de las partes del cuerpo y evita eufemismos que generen confusión.
2. Educa en límites y consentimiento
Frases como “tu cuerpo es tuyo” o “nadie puede tocarte sin tu permiso” deben enseñarse desde edades tempranas.
Esto fortalece la autonomía y previene el abuso.
3. Integra emociones y cuerpo
Ayuda a los niños a identificar lo que sienten: vergüenza, curiosidad, alegría, incomodidad.
El trabajo emocional es parte de la educación sexual.
4. Usa recursos didácticos
Cuentos, canciones o juegos simbólicos pueden ser aliados para hablar de diferencias, identidad y respeto.
Por ejemplo, cuentos como “De dónde venimos” (Anna Fischel) o “Mi cuerpo es mío” (Pro Familia) son ideales para iniciar conversaciones.
5. Forma a los educadores y familias
Los adultos deben estar informados, libres de prejuicios, y actualizados sobre los avances científicos.
Una educación sexual integral no se improvisa: se construye con conocimiento, empatía y coherencia.
Lo que la ciencia y la pedagogía nos enseñan
La neurociencia confirma lo que muchos educadores ya intuían:
✨ Los niños aprenden mejor sobre su cuerpo y sus emociones cuando se sienten seguros, amados y escuchados.
Abordar la sexualidad infantil desde una mirada pedagógica y neurocientífica no es hablar de sexo, sino de respeto, límites, identidad, curiosidad y afecto.
Es sembrar la base para una vida emocional y relacional sana.
Conclusión
Educar en sexualidad desde los primeros años es educar en humanidad.
Los niños que crecen comprendiendo su cuerpo, sus emociones y los límites propios y ajenos, se convierten en adultos empáticos, seguros y respetuosos.
Como docentes y familias, tenemos la oportunidad de guiarlos con claridad, ternura y conocimiento.
La neuroeducación nos recuerda que cada palabra, cada gesto y cada respuesta que damos a sus preguntas, moldea su cerebro y su manera de amar el mundo.

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